Arhur Danto (n. 1924) es un crítico de arte y profesor de filosofía de EE.UU.
Texto de lenguaje culto pero sencillo, redactado en primera persona, enfatizando su opinión personal. La opiniones del autor son subjetivas y personales y en este caso no apoyo su teoría.
Al comienzo de su libro Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el
linde de la historia Arthur C. Danto piensa que el concepto de arte no había emergido en la conciencia en general hasta 1.400 d.C. La idea de Danto no es que esas todas las imágenes, iconos, esculturas, mosaicos, relieves, etc. que se habían realizado con anterioridad no podrían ser consideradas arte en un sentido amplio sino que, dada que el concepto de arte no se había formado aún, su ser de arte no figuraba en su producción. Todos esos artefactos jugaron un papel bastante diferente en la vida de las personas del que las obras de arte vinieron a jugar cuando el concepto de arte al fin emergió y lo que podríamos llamar consideraciones artísticas comenzaron a regir su producción y lo que podríamos denominar consideraciones estéticas comenzaron a gobernar nuestras relaciones con ellas como espectadores. Mediante un cambio revolucionario en la práctica cotidiana que Danto localiza en torno al 1.400 d.C. el concepto de artista entra a formar de la explicación de las imágenes piadosas desvaneciéndose la idea de que las reliquias poseen un origen milagroso.
Una vez probado que en la historia de las imágenes ha existido una era antes del
comienzo del arte, Danto apunta a que el carácter histórico del concepto de arte haría
posible que se diese una era después del fin del arte. No se trataría de una “muerte del
arte” como muchos artistas y críticos apocalípticamente han decretado sino de un fin del
arte, es decir, el fin del arte no significaría que no se podría seguir produciendo más
arte (su “muerte”) sino que cualquier arte que surgiera debería crearse sin el beneficio
siguiente. Síntomas evidentes de este fin del arte serían la impresión generalizada entre
los críticos de arte de que no ha sucedido nada realmente relevante en los últimos treinta
años, la pérdida de fe en una gran narrativa que determine el modo en que las cosas
deben ser vistas. A juicio de Danto, estamos en una época posthistórica, en el que las
grandes narrativas ya no son posibles porque el concepto mismo de historia en el que
arte se movió ha desaparecido del mundo del arte. Ya no nos es posible adherirnos a una
visión de desarrollo progresivo de la historia que había sido la manera de concebir el
arte, al menos desde Vasari, como si de una narrativa de progreso se tratase, narrativa en
la que se obtuvieron logros y ganancias en cuanto al avance de las metas del arte. A
juicio de Danto, el arte históricamente construido ha alcanzado el final de ese línea de
desarrollo y ha pasado a moverse en un plano de conciencia diferente. De ahí que en la
fase psothistórica existan innumerables caminos para la producción artística, ninguno
más privilegiado que el otro, al menos históricamente. Igualmente, en este nuevo plano de conciencia el arte del pasado está disponible para el uso que los artistas le quieran dar
y lo que ya no está disponible es el espíritu en el cual fue creado ese arte. Por tanto, no
es de extrañar que el paradigma de lo contemporáneo sea el collage tal como fue definido por Max Ernst pero con un sutil diferencia. Ernst mantenía que el collage es (el encuentro de dos realidades distantes en un plano ajeno a amba). La diferencia que Danto señala es que ya no hay un plano diferente para distinguir realidades artísticas ni esas realidades permanecen distantes entre sí. Ello se debe a que la percepción básica del espíritu contemporáneo se formó sobre el principio de un museo en donde todo arte tiene su propia lugar, donde no hay ningún criterio a priori acerca de
cómo el arte deba verse y donde no hay una narrativa a la que los contenidos del museo
deban ajustarse. El museo es hoy un campo disponible para una reordenación constante
y para una forma de arte que lo utiliza como depósito de materiales para un collage de
objetos ordenados que sugieren o defienden una tesis. Hoy el artista tiene carta libre en
el museo y fuera de sus recursos organiza exposiciones de objetos que no tienen una
conexión histórica o formal entre sí, más allá de las conexiones que proporciona el
propio artista. Para Danto, <<el museo es causa, efecto y encarnación de las actitudes y
prácticas que definen el momento posthistórico del arte1>>. Si queremos entender el
alcance de esta afirmación debemos concentrarnos por el momento en comprender ese
nuevo plano de la conciencia que caracteriza el estado posthistórico en el que según
Danto nos movemos.
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